Perón y su primera reacción tras el golpe en Chile: “Es una calamidad para todo el continente”

Cuatro días antes de la marcha en repudio al golpe en Chile convocada en conjunto por las juventudes políticas varios canales de TV hicieron guardia en la puerta de la famosa casa de la calle Gaspar Campos para transmitir el pronunciamiento de la figura más influyente del país, el repatriado Juan Domingo Perón.

La entrevista ocurrió en la residencia de Perón de la localidad bonaerense de Vicente López el 12 de septiembre de 1973, veinticuatro horas después del derrocamiento y muerte de Salvador Allende y cuando faltaban casi diez días para que el fundador del justicialismo compitiera por tercera vez como candidato presidencial.

Perón, tras la primera consulta por el drama de Chile, respondió que el golpe encabezado por Augusto Pinochet representaba “una calamidad para todo el continente”, porque implicaba que otra vez “un gobierno elegido por el pueblo (había sido) derrocado por una fuerza dictatorial”.

Además, el entonces postulante a la Presidencia aseguró “creer profundamente” que Estados Unidos estaba implicado en la cadena de acontecimientos que concluyó con el bombardeo del Palacio de La Moneda, el desplazamiento de la Unidad Popular y la muerte de Allende.

En el estilo campechano con el que solía abordar cuestiones sensibles, Perón atribuyó su convencimiento de que EEUU había sido determinante en el golpe de Estado a que él, dijo, “conocía de estos procesos”.

Pero además aludió a información de la que disponía, sin precisar fuentes.

“Ayer los comentarios que venían, decían que había farra en el Departamento de Estado, que estaban felices”, comentó a los periodistas.

En ese entonces, mientras el peronismo se preparaba para ir a las urnas con la fórmula Perón-Perón, un sector numeroso y movilizado del movimiento -que tenía su cara más visible en la JP de las Regionales- buscaba contactar a todas las fuerzas partidarias para realizar una gran marcha conjunta por los hechos en Chile.

Así fue que se convocó a una reunión preparatoria en el local central que la JP tenía en la calle Chile 1468, en el barrio porteño de Monserrat: allí hubo representantes de las juventudes de casi todo el arco político (con la excepción de Nueva Fuerza, de la derecha liberal).

Uno de los asistentes a ese encuentro fue el actual diputado nacional Leopoldo Moreau (Frente de Todos-Unión por la Patria).

“A mí el golpe contra Allende me agarró en Salta, por lo que volví para Buenos Aires al día siguiente para asistir a la reunión de la conducción de Juventudes Políticas Argentinas. En la mesa de las juventudes yo representaba a la Juventud Radical de la Junta Coordinadora Nacional junto con Marcelo Stubrin”, recordó Moreau en diálogo con Télam.

Tras consensuar los detalles de organización, la manifestación se realizaría finalmente el domingo 16 de septiembre desde Congreso hasta la embajada chilena, que estaba ubicada en la misma sede de Tagle y Figueroa Alcorta, en Palermo Chico: “Calculamos que esa marcha fue una de las más grandes que conoció la ciudad de Buenos Aires”, reconstruyó Moreau.

Y detalló: “Cuando la marcha estaba llegando a la embajada, nos enteramos por los handys de quienes tenían a su cargo la seguridad que la cola de la columna recién estaba saliendo de Plaza Congreso”.

Al llegar a destino todos los participantes, Moreau fue uno de los tres oradores que se subió al acoplado de un camión para leer por tramos el pronunciamiento acordado: los otros dos eran Patricio Echegaray, por la Federación Juvenil Comunista, y Juan Carlos Añón por la Jotapé.

Uno de los párrafos del texto responsabilizaba de forma nítida a EEUU por lo ocurrido en Chile: “Todo este accionar es parte del plan continental que, pisoteando la voluntad popular, intenta Estados Unidos, acompañado de su sirviente brasileño, para sojuzgar a los pueblos de Paraguay, Bolivia, Uruguay y Chile, cercando geopolíticamente a la Argentina”, se leyó entonces.

Moreau, al revivir aquella jornada, contó a Télam que los hechos derivados del golpe a Allende hicieron que las juventudes políticas comprendieran que del otro lado de la cordillera se estaba aplicando una nueva modalidad represiva, que profundizaba el uso de la violencia estatal en una escala mayor a la ejercida hasta entonces.

“Antes, en Sudamérica, las dictaduras militares habían sido represivas y persecutorias, pero sin un plan tan sistemático de exterminio, que fue lo que se puso en marcha en Chile en muy pocas horas”, analizó Moreau.